Saludos, amigos…

Estimados amigos, amigas, compañeros y compañeras…

Hoy comienza la andadura de éste, mi pequeño espacio de reflexión personal. Muchos de vosotros me conocéis. Otros no me conocen, pero lo harán. Y otros muchos más desearían no haberme conocido jamás. ¡Qué más dará! No nos traen a esta tierra para agradar, y si lo intentamos será inútil, porque el Santo Padre ya nos tiene enfilados con una madeja. Me llamo Neill Mac Allister, soy arqueólogo de aquí, de allí, y de más allá. Irlandés de nacimiento, comencé mi andadura en esto de la llamada “arqueología” hace ya unos años, y desde entonces sufro dolores de espalda, de piernas, de brazos y de hígado. Pero eso no es lo peor. Veo cosas que me cabrean, y aquí me gustaría expresarlas…

¿Será porque necesito desahogarme? ¿Será nuestro egocentrismo irracional, el de los arqueólogos, el que nos obliga a hablar sólo de nuestros éxitos, y no de nuestros fracasos? Será eso. Yo, amigos míos, estoy harto. Cada día que escucho una de cal (“se han encontrado unas piedras extraordinarias…”) y otras de arena (“… pero han sido destruidas”) me llevan los demonios. Por eso mi “viejo” me recomendó  la abstracción por medio de un buen whisky de veinte años…

No, es mejor hablar de arqueología, alto, claro, con chulería pero respetando al prójimo. Por eso he creado este espacio. ¡Habla, amigo! O de lo contrario Cú Chulainn te machacará vivo…

Cordiales saludos, de vuestro amigo…

Neill Mac Allister