La Arqueología de ahora o la teoría de “El Barco Vikingo”

Imagino que no hará falta que te explique en qué consiste “el Barco Vikingo”. Los que hemos tenido una infancia marcada por la llegada de las atracciones al pueblo, recordaremos ésta en concreto. Se trata de una estructura con forma de barco vikingo –o de un barco pirata, en el pueblo vecino- que pendulaba de un lado a otro, y cuyo vaivén obligaba a las personas del interior a correr de un extremo a otro evitando la fuerza centrífuga. Era, en mi infancia, una de las atracciones preferidas de la chiquillada que abarrotábamos la pradera de Malahide.

¿Y qué tiene que ver esto con la Arqueología? Con
respecto a la maquinaria y a la finalidad, nada en absoluto. Pero el efecto que genera me ha recordado mucho, muchísimo, a lo que actualmente está sucediendo en España. Desde los años 90 se vienen aconteciendo diferentes fases secuenciales en el sector profesional de la Arqueología. Inmediatamente de la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico, renace un sentimiento por y para la dedicación profesional que no se había vivido antes. Las titulaciones en Geografía e Historia se disparan. Empiezan a aparecer las primeras empresas y se forjan los armazones de lo que, pocos años después, van a ser las leyesautonómicas de Patrimonio Cultural. Los índices de altas laborales se disparan. Los museos empiezan a recibir ingentes cantidades de materiales, procedentes de los yacimientos que se excavan –o que se creía que se excavaban-. El “Barco Vikingo pendula hacia un lado…

vikingo Pasan los años. La década de los 90 nos dejó unos cuántos “pufos” (y en adelante, me seguiré refiriendo inevitablemente a mi querida España, una vez más), fruto de las prisas y de la poca maduración de un modelo de gestión que no convencía, pero que sí convenía. El número de yacimientos se multiplicaba, ¿y qué? ¿Qué tiene de bueno? Cito textualmente, un párrafo de un artículo sobre la Arqueología Urbana en Tarragona:

“Desgraciadamente, en toda Europa Occidental la actual dinámica empresarial ha roto aquella lógica. La arqueología de urgencia ha sido sistemáticamente “privatizada”; los Ayuntamientos y las Autonomías se niegan cada vez más a pagar el coste que genera la investigación. Las empresas privadas buscan, con toda lógica y legitimidad, la rentabilidad económica de sus excavaciones. En conclusión, los resultados de las excavaciones se apilan en los armarios y almacenes sin llegar a ser estudiados. Sin tiempo para investigar y presionados por la urgencia de las excavaciones, con frecuencia los arqueólogos se convierten en simples “anotadores” que registran los datos arqueológicos inmersos en la lógica de la supervivencia de sus empresas. Sin investigar es imposible planificar, prever o programar adelantándose a los acontecimientos”

Ruiz de Arbulo, J. y Mar, R. 1999: “Arqueología y planificación urbana en Tarragona. Tradición historiográfica y realidad actual. Recuperar la memoria urban”. En: La Arqueología en la rehabilitación de las ciudades históricas. URV / Fund. La Caixa, Tarragona.

El cambio de Milenio pronosticaba un “más de lo mismo”, y sin embargo nadie era consciente de lo que se avecinaba. En realidad, los cambios se produjeron en la concepción misma de la profesionalidad del arqueólogo. Se iniciaron algunas obras de gran envergadura para las cuales no había técnicos suficientes para los puestos requeridos. Esta situación tan dantesca como surrealista, obligó a echar mano del “stock” de arqueólogos, recién titulados, sin experiencia y obligados a conocer en dos días los pormenores de un circuito que se sabía de antemano que no funcionaba. El “Barco Vikingo” volvía a pendular hacia el otro lado…

Así pues se vivieron unos años de bonanza económica paCartel nra algunos colectivos o grupos de empresas, que sin mucho esfuerzo un día intervenían  en un yacimiento romano, y al día siguiente lo hacían en una fábrica de profilácticos de los años ochenta. Algunas obras dejaron imágenes para el recuerdo, y también un poso en el mercado del que aún hoy damos pequeños sorbos. Los clientes, constructoras y promotoras en su mayoría, vieron un campo  ideal para capotear las ya no recientes leyes de Patrimonio y planes generales, unas normativas que al principio les dificultaban levantar fastuosas moles de hormigón. Sin embargo, con parsimonia y sin mucho sudor, consiguieron que los propios profesionales de la arqueología les abriesen las puertas a la especulación profesional del sector: “estamos carroñeando de una vaca moribunda” (un amigo).

Sin embargo, la ubre, la “mamelle”, la teta se secó definitivamente. Los proyecto finalizaron, y entonces las enormes y hambrientas huestes de arqueólogos reclamaron el trabajo que durante tantos años habían tenido.  Como los arqueólogos son animales que sienten y padecen igual que los pájaros, que las plantas y que los fontaneros, decidieron buscar alternativas, o “reciclarse”, como decía el simpático gobierno de la nación. Ese reciclado consistía en, o bien abandonar el sector y dedicarse a otros oficios, igual de emocionantes (http://www.jasarqueologia.es/documents/Cap18-PGG.pdf), o bien en iniciar un lento pero esperanzador proceso de formación en especialidades como la virtualización del Patrimonio –en adelante, 3D-, la gestión, la fotografía, el montaje de exposiciones, la divulgación, la didáctica y un larguísimo etc. Parafraseando de nuevo a un buen amigo mío, se trataba de “un bukake Patrimonial”.

Todo ello repercutió en la aparición de innumerables congresos y reuniones, en las que estas nuevas herramientas, disciplinas y dedicaciones se mostraban al mundo científico. La tecnología 3D y SIG facilitaba no sólo el trabajo del profesional, sino la divulgación de los resultados. Algunas experiencias daban lugar a conceptos como la Arqueología Pública –o Public Archaeology, como dicen los más finos-, potenciada en España durante esos años. Daba la impresión de que el final de la primera década del Segundo Milenio después de Falete, se iba dar pié a una sub-especialización de la Arqueología, algo que a priori, era muy beneficioso, pero que a la larga era p
an para hoy, y un “chino” para mañana. El “Barco Vikingo” volvía a pendular…

He aquí que llego al momento álgido de mi discurso, 16026_google-mapsy del acontecimiento que me marcó no hace mucho. Fue durante la presentación de un libro, cuando un compañero intervino diciendo que ciertas “especializaciones” o nuevas disciplinas estaban siendo utilizadas como vía de escape y como finalidad a la superviviencia, más que como una herramienta de investigación. Interpreté que los profesionales, nuestros compañeros, inconscientemente estaban prolongando un sistema que había fallado años ha. En definitiva, parecía que estábamos volviendo de nuevo a los viejos sistemas en los que se produce un “stockage” de profesionales especializados en nuevas tecnología, y que como seres vivos multicelulares respiran y necesitan trabajar. Dando una vuelta más de tuerca, he querido ver qué es lo que realmente se cuece en el cerebro de un arqueólogo, y nada mejor para hacerlo que acudir a las redes sociales, ese subuniverso en donde fluyen las ideas, las polémicas, el fútbol y el porno australiano. Cogiendo las estadísticas de visita de los internautas a una página de Arqueología, se observan cuales son las inquietudes reales de los profesionales: ¿buscar trabajo o luchar por las injusticias del sector? (se que aquí me van a llover puñetazos, pero ya sabes cómo soy, amigo lector):grafica

Cuidado, que el “Barco Vikingo” vuelve a pendular…

Finalmente, y para concluir, me resulta muy interesante y esclarecedor, a la vez que esperanzador, ver cómo algunos investigadores han indagado en este asunto. Me quedo con estos dos autores, que meten el dedo donde hay que meterlo, y no más allá:

“Sin menoscabo de los importantes avances conseguidos hasta el día de hoy, todo pasa por transformar las declaraciones de intenciones en un control público, ágil y efectivo que regule la actividad arqueológica dado que ha quedado demostrado que ésta no se puede regular mediante los propios mecanismos del mercado”.

Moya Maleno, P. R. 2010. “Grandezas y miserias de la arqueología de empresa en la España del siglo XXI”. En: Complutum, volumen 21. Universidad Complutense de Madrid.

“Entre los trabajadores más veteranos, muchos abandonan el sector en busca de otras alternativas laborales que les ofrezcan el sustento y la seguridad necesaria para emprender proyectos vitales básicos, como formar una familia o pensar en la jubilación. Así, el mercado de empleo arqueológico sufre una continua pérdida de técnicos veteranos que serán remplazados por recién egresados de las universidades, quienes obtendrán peores contratos que los existentes una década atrás”.

González Álvarez, D. 2014: “Del precariado a la nada. La situación laboral de la Arqueología Comercial en el Estado Español a comienzos del s. XXI”. En Almansa Sánchez, J. (ed.): Arqueología Pública en España. JAS Arqueología. Madrid.

¡Y es que pendular no es malo! Pero hazlo con cabeza y que nada deje de “pendulártela”…

NmA.