El valor de los muertos

He tenido que poner este titular para atraer tu atención. Por lo visto, lo he conseguido.

Cuando excavamos un sepulcro de la Edad del Bronce, se dice que hacemos arqueología y de la buena. Si el resto en cuestión es una tumba romana, somos la pera. Y si resulta que son los sepulcros de debajo de un convento, estamos nominados al premio Nobel. ¿Y qué pasa cuando son víctimas de la Guerra Civil española?

Estudiamos al ser humano y lo dignificamos. Le damos sentido a la vida que ha tenido. A todos los humanos, me refiero. Porque después leo que se han gastado un dineral en localizar a Miguel de Cervantes. Y al poco, leo el artículo de Azahara Martínez Vallejo en el número 3 de La Linde (http://www.lalindearqueologia.com/index.php/crea-articulo/61-edicion-numero-3/construyendo-memoria-social-3/129-la-mendicidad-en-las-exhumaciones-de-la-guerra-civil), y lo cierto es que me desconsuela. Me desconsuela cómo unos y otros destripan la esencia de nuestro trabajo. Las latas, las hebillas, los cargadores, las cucharillas o los cartuchos, nada tienen que envidiar a la forma Hispánica 4, a la cerámica cordada o a las lascas Levalloise.

Investigamos, y en ocasiones, en muchas ocasiones, bajo presión económica y social. Aún así, siguen dudando de nuestra entereza investigadora. Dudan de si analizamos las fosas comunes con objetividad. Dudan de nuestra experiencia, de nuestros valores morales y de nuestras intenciones. Se creen que lo hacemos porque somos rojos, azules, ateos, católicos, melancólicos, inconformistas, “progres” y hasta socios del Rayo Vallecano. Somos investigadores. Somos inquietos, si, y además sentimos inquietud por el ser humano. Y además, pese a quien le pese, seguiremos excavando, y seguiremos encontrando restos humanos. Les honraremos. Les daremos cara, vida y hasta forma en 3D. lo haremos a pesar de la parsimonia de la administración –toda ella-. Un estado debe ser muchas cosas, pero lo primero que debe ser es valiente. No hay valor en este ni en ningún gobierno que vaya a tener España. Pero aún así, seguiremos hablando con los difuntos. Porque no son fosas normales, ni las vaciamos. Son el reposo de nuestros antepasados. A mí me gustaría encontrar a mis caídos, de una trinchera y de otra, eso me da igual. Pero que me dejen hacerlo, o que dejen a mis compañeros hacerlo. Queremos honrarles. Y basta ya de hipocresías… Déjennos trabajar.

Mi apoyo incondicional a los valientes de abajo y de arriba.

NmA.

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