VACIANDO TRIPAS DE GIGANTES

No estoy inspirado, para nada en absoluto, y por lo tanto no se qué saldrá de esto…

Tampoco puedo dedicarle mucho tiempo, pero en ocasiones como ésta, el tiempo hay que inventarlo…

Ven un edificio y lo cambian, o lo modifican, o lo manipulan… o lo destruyen…

Se creen que el edificio es lo que se ve por fuera, o simplemente, lo que no se ve. Arrancan paredes como el que monda una fruta, lo dejan desnudo, carente de cara, sin máscara, sin identidad. Y no pasa nada…

Luego van al interior. Ven sus tripas. Ven su alma. El alma de un edificio es aquello que ha quedado de su uso, de sus habitantes, de los acontecimientos. Pero ellos no ven nada de eso…

Sólo ven un uso, el actual, el beneficiario. Esa alma la simplifican a la mínima esencia. Qué burros. Dicen que un edificio es una cosa urbanística y se escudan en que la ciudad debe progresar. Qué burros, otra vez…

Antes del golpe final, el edificio, ya sin cara, ya sin tripas, ya sin alma, posa desnudo con su esqueleto al aire. Sigue pidiendo ayuda a nadie, y nadie le ayuda. Se queda en pie mirando a los viandantes que le observan, algunos con perplejidad, muchos con desdén…

Poco a poco, se va viniendo abajo. Un edificio histórico sin sus ropajes se muere. Poco a poco va cediendo…

Entonces hinca la rodilla al suelo. Ese enorme armazón de historias cede su último aliento. Es entonces cuando algunos se quejan y ponen medidas. Sin embargo los carroñeros conocen el sistema, corrupto, naturalmente, y siguen adelante…

Le asestan el golpe de gracia. El gigante cae y todos lloramos. Le han quitado la cara, y nos quedamos perplejos. Le han vaciado las tripas, y nos quejamos. Lo tiran abajo y nos escandalizamos…

Pasa el tiempo, y sobre la enorme tumba del gigante se levantan otros gigantes a los que, seguramente, el tiempo les depare un final parecido. ¿Qué hemos conseguido? Nada…

Por eso mismo, doy las gracias a los que vacían las tripas de los gigantes. Con ese gesto llenáis las mías de indignación. Llenáis las mías de ganas de seguir adelante. Llenáis las mías con palabras que aquí comparto. Sois unos ignorantes con estudios, unos estúpidos que no pararéis de derribar gigantes, ¿verdad? Algún día, quien sabe, os esperaré a los pies de algún gigante, y os lo podré explicar…

Mientras tanto, no lloréis. Ya lo hacemos los demás…

NmA

Fuente: elpais.com 29/11/2014
Fuente: elpais.com
29/11/2014
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