Los Siete Reinos de la Arqueología

No hace poco, mientras tomaba una pinta en una lúgubre taberna de Stockwell, un compañero de profesión me preguntó que “cuál era mi tendencia” en el campo de la arqueología. A punto estuve de sacar la mano a paseo, cuando recalcó que tenía interés por conocer mi academia y mi manera de interpretar las cosas, en resumen, ideolog001ía investigadora. Tras cinco segundos de silencio aterrador, no pude hacer otra cosa sino soltar una sonora carcajada, a la que mi amigo respondió con otra similar. Tras detener nuestras risas, dimos un largo sorbo a las cervezas, y de nuevo me preguntó: “en serio, ¿cuál es tu reino?”

 “¿Mi reino?” En ese momento no supe qué responderle. Él aseveró que se consideraba un post-procesualista de pro, y que por lo tanto, uno de sus objetivos era “combatir con fiereza extrema a los arqueólogos del historicismo más radical”. Nuevamente, y tras tres segundos no tan largos como los cinco anteriores, volví a carcajearme potentemente, no sin escupir parte de la cerveza que acababa de beber, y seguido de una flemática y molesta tos… Al contrario que en la primera vez, mi amigo me miró muy seriamente, y me preguntó que a qué se debían mis sornas. Primero le pedí disculpas, sobre todo por la molestia, pero también porque no com002prendía el por qué de tan necesario aparcelamiento de mis investigaciones…

Dos horas  y cinco cervezas después –pocas en mi opinión- pude llegar a una nueva conclusión, otro “sindios” que se estaba viviendo en mi amada profesión. Años atrás, cuando empezaba en esto de la arqueología, mi única preocupación era saber cómo coger un pico sin desencajarme el hombro, cómo se hacían los dibujos a escala o cuál era la manera adecuada de embolsar los materiales. A menudo leía a Bahn, a  Childe o a Shanks, por aquello de no perder la cuerda con respecto a los grandes pensadores. Esas lecturas eran necesarias para un estudiante como yo lo era, y siempre lo serán para cualquier persona que pretenda dedicarse a este mundo. Sin embargo, y tras ese encuentro con mi apreciado amigo, me hago la pregunta si no estaremos “feudalizando” en exceso las diferentes tendencias historiográficas.

No fue una casualidad llegar a esta impresión, que llevaba tiempo corroborando en distintos eventos científicos donde mis queridos compañeros arqueólogos se esmeraban más en defender sus ideologías científicas que sus resultados. Y más allá, esas confrontaciones derivaban en recriminaciones personales del tipo “tu clan de los creacionistas  ha mancillado el noble nombre de los Neanderthales”, o “la Nueva Arqueología siempre paga sus birras”, y así un largo etcétera.

No estoy exagerando, amigo lector. Si echas un vistazoa los profesionales que analizan la evolución de los grupos humanos, te darás cuenta que existe una simiente de odio y repulsa por todo lo que no comparte su opinión. Se tiende a decir que “lo que hay más al Norte del Muro (los Urales, los Alpes Cisalpinos o el Sistema Central) es más puro, más original”. ¿Cómo reaccionarán los que están más al Sur del muro, cuyos trabajos son loables como el que más? Se está fraguando una batalla, amigo mío…

Y es que una batalla entre los Siete Reinos de la Arqueología sólo traería consecuencias desastrosas para un sector profesional que lleva años carroñeando de una vaca moribunda. En no pocos congresos hemos sido testigos de cómo los profesionales, los compañeros, los amigos, barren a favor de una ideología, un concepto, dejando en “bolas” a la verdadera conclusión científica. No se trata de discernir si es más importante el papel y el rol de las mujeres, de los artesanos o de las clases más opulentas, ni tampoco es imprescindible saber –por el contrario, si es importante- si se trataba de un sistema esclavista, clasista, marxista o comunal. ¿Qué sentido tiene postularse a favor de un solo reino, si el resto de los reinos están avocados a la desaparición?

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Tiempo atrás éramos testigos de debates y discursos muy enriquecedores. Que si la cerámica es así, que si es un percutor o no lo es, que si se trata de una villa romana o sólo una granja… Además teníamos opción de compartir experiencias y teorizar sanamente, esgrimiendo argumentos sólidos y basándonos en doctrinas consensuadas. Ahora ya no se hace así. La Casa de los Evolucionistas Culturales jamás aceptaría un matrimonio con un miembro de la Casa de los Procesualistas, porque “un procesualista siempre acepta toda probabilidad”. Pamplinas…

En resumen, y después de mi afortunado encuentro con mi amigo, el cual em dejó claro que “yo no tengo casa”, creo con firmeza que algún día, todos los arqueólogos del mundo nos encontraremos en un campo de batalla sin igual, arruinaremos nuestras bibliotecas, quemaremos nuestros museos y robaremos a vuestras técnicos de seguimiento, porque sólo puede haber un candidato al trono del Ministerio… ¿Seremos capaces de cambiar tanta tontería?

Vuestro amigo.

NmA

La Arqueología de ahora o la teoría de “El Barco Vikingo”

Imagino que no hará falta que te explique en qué consiste “el Barco Vikingo”. Los que hemos tenido una infancia marcada por la llegada de las atracciones al pueblo, recordaremos ésta en concreto. Se trata de una estructura con forma de barco vikingo –o de un barco pirata, en el pueblo vecino- que pendulaba de un lado a otro, y cuyo vaivén obligaba a las personas del interior a correr de un extremo a otro evitando la fuerza centrífuga. Era, en mi infancia, una de las atracciones preferidas de la chiquillada que abarrotábamos la pradera de Malahide.

¿Y qué tiene que ver esto con la Arqueología? Con
respecto a la maquinaria y a la finalidad, nada en absoluto. Pero el efecto que genera me ha recordado mucho, muchísimo, a lo que actualmente está sucediendo en España. Desde los años 90 se vienen aconteciendo diferentes fases secuenciales en el sector profesional de la Arqueología. Inmediatamente de la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico, renace un sentimiento por y para la dedicación profesional que no se había vivido antes. Las titulaciones en Geografía e Historia se disparan. Empiezan a aparecer las primeras empresas y se forjan los armazones de lo que, pocos años después, van a ser las leyesautonómicas de Patrimonio Cultural. Los índices de altas laborales se disparan. Los museos empiezan a recibir ingentes cantidades de materiales, procedentes de los yacimientos que se excavan –o que se creía que se excavaban-. El “Barco Vikingo pendula hacia un lado…

vikingo Pasan los años. La década de los 90 nos dejó unos cuántos “pufos” (y en adelante, me seguiré refiriendo inevitablemente a mi querida España, una vez más), fruto de las prisas y de la poca maduración de un modelo de gestión que no convencía, pero que sí convenía. El número de yacimientos se multiplicaba, ¿y qué? ¿Qué tiene de bueno? Cito textualmente, un párrafo de un artículo sobre la Arqueología Urbana en Tarragona:

“Desgraciadamente, en toda Europa Occidental la actual dinámica empresarial ha roto aquella lógica. La arqueología de urgencia ha sido sistemáticamente “privatizada”; los Ayuntamientos y las Autonomías se niegan cada vez más a pagar el coste que genera la investigación. Las empresas privadas buscan, con toda lógica y legitimidad, la rentabilidad económica de sus excavaciones. En conclusión, los resultados de las excavaciones se apilan en los armarios y almacenes sin llegar a ser estudiados. Sin tiempo para investigar y presionados por la urgencia de las excavaciones, con frecuencia los arqueólogos se convierten en simples “anotadores” que registran los datos arqueológicos inmersos en la lógica de la supervivencia de sus empresas. Sin investigar es imposible planificar, prever o programar adelantándose a los acontecimientos”

Ruiz de Arbulo, J. y Mar, R. 1999: “Arqueología y planificación urbana en Tarragona. Tradición historiográfica y realidad actual. Recuperar la memoria urban”. En: La Arqueología en la rehabilitación de las ciudades históricas. URV / Fund. La Caixa, Tarragona.

El cambio de Milenio pronosticaba un “más de lo mismo”, y sin embargo nadie era consciente de lo que se avecinaba. En realidad, los cambios se produjeron en la concepción misma de la profesionalidad del arqueólogo. Se iniciaron algunas obras de gran envergadura para las cuales no había técnicos suficientes para los puestos requeridos. Esta situación tan dantesca como surrealista, obligó a echar mano del “stock” de arqueólogos, recién titulados, sin experiencia y obligados a conocer en dos días los pormenores de un circuito que se sabía de antemano que no funcionaba. El “Barco Vikingo” volvía a pendular hacia el otro lado…

Así pues se vivieron unos años de bonanza económica paCartel nra algunos colectivos o grupos de empresas, que sin mucho esfuerzo un día intervenían  en un yacimiento romano, y al día siguiente lo hacían en una fábrica de profilácticos de los años ochenta. Algunas obras dejaron imágenes para el recuerdo, y también un poso en el mercado del que aún hoy damos pequeños sorbos. Los clientes, constructoras y promotoras en su mayoría, vieron un campo  ideal para capotear las ya no recientes leyes de Patrimonio y planes generales, unas normativas que al principio les dificultaban levantar fastuosas moles de hormigón. Sin embargo, con parsimonia y sin mucho sudor, consiguieron que los propios profesionales de la arqueología les abriesen las puertas a la especulación profesional del sector: “estamos carroñeando de una vaca moribunda” (un amigo).

Sin embargo, la ubre, la “mamelle”, la teta se secó definitivamente. Los proyecto finalizaron, y entonces las enormes y hambrientas huestes de arqueólogos reclamaron el trabajo que durante tantos años habían tenido.  Como los arqueólogos son animales que sienten y padecen igual que los pájaros, que las plantas y que los fontaneros, decidieron buscar alternativas, o “reciclarse”, como decía el simpático gobierno de la nación. Ese reciclado consistía en, o bien abandonar el sector y dedicarse a otros oficios, igual de emocionantes (http://www.jasarqueologia.es/documents/Cap18-PGG.pdf), o bien en iniciar un lento pero esperanzador proceso de formación en especialidades como la virtualización del Patrimonio –en adelante, 3D-, la gestión, la fotografía, el montaje de exposiciones, la divulgación, la didáctica y un larguísimo etc. Parafraseando de nuevo a un buen amigo mío, se trataba de “un bukake Patrimonial”.

Todo ello repercutió en la aparición de innumerables congresos y reuniones, en las que estas nuevas herramientas, disciplinas y dedicaciones se mostraban al mundo científico. La tecnología 3D y SIG facilitaba no sólo el trabajo del profesional, sino la divulgación de los resultados. Algunas experiencias daban lugar a conceptos como la Arqueología Pública –o Public Archaeology, como dicen los más finos-, potenciada en España durante esos años. Daba la impresión de que el final de la primera década del Segundo Milenio después de Falete, se iba dar pié a una sub-especialización de la Arqueología, algo que a priori, era muy beneficioso, pero que a la larga era p
an para hoy, y un “chino” para mañana. El “Barco Vikingo” volvía a pendular…

He aquí que llego al momento álgido de mi discurso, 16026_google-mapsy del acontecimiento que me marcó no hace mucho. Fue durante la presentación de un libro, cuando un compañero intervino diciendo que ciertas “especializaciones” o nuevas disciplinas estaban siendo utilizadas como vía de escape y como finalidad a la superviviencia, más que como una herramienta de investigación. Interpreté que los profesionales, nuestros compañeros, inconscientemente estaban prolongando un sistema que había fallado años ha. En definitiva, parecía que estábamos volviendo de nuevo a los viejos sistemas en los que se produce un “stockage” de profesionales especializados en nuevas tecnología, y que como seres vivos multicelulares respiran y necesitan trabajar. Dando una vuelta más de tuerca, he querido ver qué es lo que realmente se cuece en el cerebro de un arqueólogo, y nada mejor para hacerlo que acudir a las redes sociales, ese subuniverso en donde fluyen las ideas, las polémicas, el fútbol y el porno australiano. Cogiendo las estadísticas de visita de los internautas a una página de Arqueología, se observan cuales son las inquietudes reales de los profesionales: ¿buscar trabajo o luchar por las injusticias del sector? (se que aquí me van a llover puñetazos, pero ya sabes cómo soy, amigo lector):grafica

Cuidado, que el “Barco Vikingo” vuelve a pendular…

Finalmente, y para concluir, me resulta muy interesante y esclarecedor, a la vez que esperanzador, ver cómo algunos investigadores han indagado en este asunto. Me quedo con estos dos autores, que meten el dedo donde hay que meterlo, y no más allá:

“Sin menoscabo de los importantes avances conseguidos hasta el día de hoy, todo pasa por transformar las declaraciones de intenciones en un control público, ágil y efectivo que regule la actividad arqueológica dado que ha quedado demostrado que ésta no se puede regular mediante los propios mecanismos del mercado”.

Moya Maleno, P. R. 2010. “Grandezas y miserias de la arqueología de empresa en la España del siglo XXI”. En: Complutum, volumen 21. Universidad Complutense de Madrid.

“Entre los trabajadores más veteranos, muchos abandonan el sector en busca de otras alternativas laborales que les ofrezcan el sustento y la seguridad necesaria para emprender proyectos vitales básicos, como formar una familia o pensar en la jubilación. Así, el mercado de empleo arqueológico sufre una continua pérdida de técnicos veteranos que serán remplazados por recién egresados de las universidades, quienes obtendrán peores contratos que los existentes una década atrás”.

González Álvarez, D. 2014: “Del precariado a la nada. La situación laboral de la Arqueología Comercial en el Estado Español a comienzos del s. XXI”. En Almansa Sánchez, J. (ed.): Arqueología Pública en España. JAS Arqueología. Madrid.

¡Y es que pendular no es malo! Pero hazlo con cabeza y que nada deje de “pendulártela”…

NmA.

Yo SI voy a estar…

Querid@s compañer@s:

Mis amigos de Madrid, en España, están organizando una gran movilización a favor de la Cultura. La cultura lo es todo. La cultura es la música de The Dubliners que escucho cada día de camino a Leitrim. La cultura es mi amado trébol Shamrock, es mi whisky y mi querido Celtic. La cultura son las fiestas, las tradiciones del Imbolc y mi Irish stew para comer. La cultura lo es todo. La cultura son hasta los farsantes que venden ilusiones, las brujas de la noche y los bingos de madrugada. La cultura son los malabaristas de París, las trattorias italianas y los burdeles de Bucarest. Por ser, la cultura son los charlatanes de las televisiones españolas, las tonadilleras y los casacas rojas británicos. La cultura es todo lo que somos…

En España no quieren eliminar la cultura, pero sí la quieren poner un precio, un bozal, una correa, y por si acaso, una rienda. Quieren ponerle un código de barras. Quieren aparcelarla , amancebarla y aristocratizarla. Una vez vivimos en una Europa parecida, chapada de intolerancia. Ahora quieren almacenar la cultura en chavolas fabricadas de artificios burocráticos. ¡Pues no!

Yo voy a estar el domingo 9 de marzo en Madrid. Mi amigo Lancaster me consta que también estará. Porque la cultura es tolerar. La cultura no se mete en bolsas de cierre fácil. La cultura no se puede comercializar, porque no se puede ni se debe cotizar. Muchos países lo han pretendido. Se llaman dictaduras, y muchos han visto como la cultura se manipulaba, la música, la literatura, las artes, las ciencias, las creencias… Eso no se puede permitir.

¿Y qué pasa con mi arqueología? Mi bienamada arqueología que tantos años ha estado supeditada a los designios de la aristocracia, ahora queda supeditada a un lobo llamado administración. No lo podemos consentir. Muchos compañeros de España se van a levantar el domingo queriendo decir NO a una muerte lenta de la cultura. Porque NOSOTROS SOMOS CULTURA, como apalabra el lema de la concentración. Unos dirán que seremos un grupo de desarrapados quejándose por todo. Otros dirán que son cuatro “perro-flautas” entonando cánticos en contra del sistema. Pues bien, y yo me pregunto: ¿por qué no quejarse del sistema si quiere arrebatarnos lo que somos? ¿Y por qué no hacerlo si el sistema no funciona? SOMOS CULTURA, y desde aquí, desde mi silla de piel, desde mi casa en el condado de Sligo, os digo que cogeré un avión y estaré con mis compañeros de España. Porque ellos no luchan por la libertad, ni por los derechos, ni siquiera por la justicia. Ellos, escritores, músicos, arqueólogos, científicos, profesores, todos ellos, lucharán por la CULTURA…

Yo, compañero arqueólogo, SÍ voy a estar el 9 de marzo. Y tú, amigo, también deberías estar.

Cordiales saludos de tu amigo.

NmA.

Encontrada la tumba de un arqueólogo…

Un equipo de la Universidad de XXXX localiza el cuerpo de un arqueólogo perfecto

En la tumba se han hallado copias de Memorias Finales entregadas a tiempo, así como artículos científicos o cartas de apoyo a colegas de profesión.

Los directores de la intervención no daban crédito. Entre una maraña de sepulturas de grandes popes de la Arqueología del siglo XXI se ha localizado el cuerpo de un individuo, también arqueólogo, pero con un ajuar de los más extraño e inusual. La intervención se inició a fin de conocer bien cómo eran estos personajes del pasado, conocer sus inquietudes, su trabajo y sus herramientas. Tras abrir una amplia extensión se localizaron cientos de cuerpos de individuos dedicados a la arqueología entre finales del siglo XX y el inicio del siglo XXI. En sus tumbas se localizaron los mismos objetos de culto y trabajo, a saber, manuales antediluvianos de metodología, cepillos, equipos de dibujo, botas y todo tipo de útiles de trabajo de campo. Ninguno de ellos sorprendía a los investigadores. “De hecho, era lo que ya se explicaba en algunos monográficos de la época, como cascos de obra, guantes, ropa vieja y todo un repertorio de instrumentos, algunos muy elaborados, como cámaras de fotos o tabletas informáticas”, según cuenta uno de los miembros del equipo.

Sin embargo, nadie podía predecir lo que se iba a descubrir en la sepultura número XX-X. “Estaba aislada de las demás, y nada predecía lo que íbamos a descubrir. Ha sido un gran hallazgo”, comenta el mismo técnico que descubrió lo que parecía ser otro arqueólogo, pero cuyo ajuar distaba mucho de lo que se había encontrado en los demás. Junto al cuerpo, a la derecha, se localizaba el primer objeto sorprendente. “Era una copia de todas las Memorias Finales de intervención. Las Memorias Finales debía entregarse en un plazo de tiempo, y este individuo las tenía todas entregadas en plazo. Ha sido toda una sorpresa”, incide uno de los técnicos. Este hallazgo se complementa con otro de igual relevancia para el equipo de investigación. Junto a estas Memorias fueron depositadas cientos de cartas de apoyo a sus colegas de profesión. Según indica el director de la intervención, “esto es absolutamente inusual, ya que por norma, los arqueólogos de la época tenían por deporte el tirarse los trastos unos a otros, desprestigiando sus trabajos o tratando de arrebatarse las intervenciones unos a otros. Y sin embargo, este individuo les apoyaba con cartas. Es increíblemente inusual”.

Otros objetos sorprendentes encontrados en la tumba de este individuo son diferentes publicaciones científicas con los resultados de las Memorias Finales, anteriormente referidas, así como varios carnets de suscripción a colectivos científicos, como a un Colegio de Arqueólogos. También se han encontrado algunos utensilios propios del trabajo de campo, y comunes al resto de sepulturas, como varios paletines y piquetas, una pala y diferentes útiles de trabajo de precisión. No obstante, a diferencia de las otras tumbas, “éste ajuar tiene marcas de haber sido usado mucho más que los utensilios de las demás tumbas”, asegura una investigadora. Para completar este sorprendente ajuar, a los pies del cuerpo se han encontrado algunos libros que no tienen nada que ver con la arqueología, como un libro de cocina o un carnet de socio de un club de fútbol. “Solían ser muy, pero que muy aburridos, y sin embargo, este personaje disponía de tiempo libre y lo dedicaba a su propio ocio. No nos extrañaría que tuviese pareja”, asevera otro miembro científico del grupo.

Para los investigadores es muy importante este hallazgo, ya que “demuestra que no todos los arqueólogos del siglo XXI eras hedonistas, egocéntricos o prepotentes. De hecho, hasta hace poco se llegó a la conclusión en un congreso internacional de que los arqueólogos del siglo XXI eran rematadamente idiotas. Este hallazgo cambia un poco nuestra perspectiva”.

Los restos serán llevados a un laboratorio para saber ahora si es un hombre, o una mujer…

Arqueología S.A. La prima de “risco” toca techo

Estimados amigos;

Hace una semana mi amigo Henry Catania me mandó una carta pidiéndome consejo acerca de un presupuesto para una pequeña excavación arqueológica. Naturalmente, le aconsejé como mejor pude… Sin embargo, mientras estaba pensando en el desglose de precios, mi mente pensaba a la vez en los precios “de risa” que la competencia estaba empezando a asumir. Naturalmente, esto es ley de vida y algunos lo llaman la ley de la oferta y la demanda, o la ley de competencias… Para mí, todo esto ha llevado a convertir mi sector en una patraña feudal y en un cortijo de mercenarios más propio del contrabando. Mientras Henry sollozaba porque “no le daba para vivir”, yo pensaba para mis adentros: “cabron, ¡si te has forrado en los tiempos de bonanza!”. Es mi amigo y es un buen arqueólogo, pero ha contribuido a que nos arrastremos por una vaca moribunda y que vendamos nuestros rastrojos por cuatro perras.

A los dos días, mi buena amiga Corina me llamó para comentarme que iba a comenzar una intervención arqueológica al sur de Francia, pero que no iba a cobrar ni un euro porque una institución científica -que no oficial- le “patrocinaba” la excavación. ¿Patrocinaba una excavación? Yo recuerdo patrocinios como el de mi adorable equipo de fútbol del Celtic, el patrocinio de Guinness en los conciertos de U2, o Patrocinio, un viejo amigo de mi padre. Pero, ¿patrocinar una excavación? Claro está, luego me enteré del guión completo y maldije a Corina, aunque también es una gran amiga mía. Algunas instituciones -públicas o no- echan mano de los colectivos y asociaciones para llevar a cabo intervenciones arqueológicas. Eso está muy bien, porque se fomenta de alguna forma la investigación. Sin embargo, resulta que esas agrupaciones de profesionales, con todo su buen hacer y toda su buena voluntad, pagan de sus bolsillos el trabajo que debiera hacer el Estado. ¿Es una oportunidad para los investigadores o es una artimaña de las administraciones e instituciones para hacer el trabajo gratis? ¿Dónde queda entonces, el sector profesional? 

Finalmente, hace poco más de tres horas he hablado con mi singular amigo Lancaster. Me ha llamado muy alterado porque un cliente suyo no le quiere pagar los trabajos de excavación que ha hecho al sur de Marruecos. Unos trabajos que le han supuesto perder mucho dinero y el emplear su tiempo y conocimiento. Resulta que si la empresa contratante no cobra sus “dineros” no puede -o no quiere- pagar sus trabajos. ¿Acaso es mi puta culpa y/o mi puto problema? ¿Acaso hemos llegado ya al momento en que “pagarás el pan con el sudor de quien contrata, si es que le sale de los mismísimos”? Todo esto sucede recién empezado el año 2014, un año de resurgir económico a nivel mundial. Un año de esperanzas, de ilusiones, de buenos presagios, bla, bla, bla…

Conclusión, y aquí empiezan los guantazos (agáchate, lector). Cojo prestada una muy buena reflexión que he visto en las redes (https://www.facebook.com/jornadas.provincialesdeetnologia?fref=ts): “La lógica del “…los otros hicieron” y el “…y tú más”, se está convirtiendo en la escusa perfecta para que no se afronten nunca los grandes retos colectivos”

Pretendemos ganar mucho y queremos investigar mucho más, pero no nos paramos a pensar en lo que los demás quieren. La Ley de la Oferta y la Demanda se solventaba en la Antigüedad con invasiones y en la Edad Media con Cruzadas. No seamos hipócritas. Queremos lo mejor para nosotros. ¿Creacionistas? ¿Evolucionistas? ¿Procesualistas? Yo hoy forjo el concepto del “YOISMO”, un concepto nuevo y renovador que es posible que nos abra los ojos de una vez. Estamos perdidos, no sabemos qué hacer y lo peor de todo, no queremos hacerlo. Los arqueólogos seguimos -y seguiremos- mezclados en una batalla contra nosotros mismos y contra el mundo, mientras otros se comen el torrón/la tostada/el mazapán…

Gracias a todo ésto, nuestra “cotización” se desploma en bolsa, la prima de “risco” toca techo y los medios de comunicación siguen tomándonos como unos gilipollas sociales y laborales. Somos una herramienta de compra/venta y nos emplean para la animación socio-cultural de las crías de sapiens (Gracias, amigo Juani. He acudido a tu llamada…):

http://www.antena3.com/programas/el-hormiguero/secciones/camara-oculta-jandro/pinturas-bajamira_2014010700249.html

http://arqueoart.blogspot.com.es/2014/01/y-la-ignorancia-es-la-fuerza.html

“¿Qué nos queda al final del camino?”, me preguntaba mi amigo Catania. ¡Pero si no hay camino!, le respondí. Nos hemos salido casi definitivamente de la senda, nos hemos metido campo a través y encima, no queremos ir en grupo. ¡Pues nada! A nuestra manera. Seguirán “despollándose” de nosotros los medios, la clase política y el colectivo de fabricantes de cucos tendrán mejores condiciones laborales que nosotros. Eso sí, que nadie nos quite el jamón, ni las ganas de ser españoles ni las excavaciones de veranito para broncear el entreteto… Ahí queda eso.

(Feliz Año, amigos) un abrazo.

NmA.

¡Una ración de Hititas de pollo!

Hoy me apetece ser especialmente “arisco” y ácido, pero ya sabes cómo somos los irlandeses, amigo mío lector, que tratamos los temas buscando tu ira y tu respuesta irracional. No me lo tengas en cuenta, pero es que últimamente se le está dando mucho “bombo” al tema éste relacionado con la cultura, la historia y la tradición culinaria en la Prehistoria y Antigüedad. Vamos, que quedamos para ponernos “ciegos” de papeo y “priva”:

http://saboresderoma14.blogspot.com.es/

http://www.abcdesevilla.es/andalucia/granada/20131211/sevi-jornadas-gastronomicas-prehistoria-201312111352.html

http://elcomercio.pe/actualidad/1621652/noticia-hombres-prehistoricos-tambien-daban-sabor-sus-comidas

No está mal pensado, teniendo en cuenta que los arqueólogos nacidos entre 1950 y 2010, así como sus allegados familiares, las pasan canutas para llegar a fin de mes y llevarse un cacho de pan a la mesa. Pero tampoco vamos a ser crueles, ¡que no! La idea es muy buena, porque si de algo se caracterizaba el ser humano a lo largo de la historia era de comer, de reproducirse y de hacer sus necesidades. En este sentido, y dejando lo escatológico para otra reflexión en el futuro, está muy bien la diversificación de la investigación. Hace no mucho me llegaron rumores de colegas por el Mediterráneo (¡que sí, de España otra vez!) de posibles publicaciones sobre temas tan variados como la tipología de las latas de tomate en conserva, de las marcas de arañazos en paredes de instituciones mentales, o del análisis de las fibras en cepillos dentales desechables. Vamos a ver cómo explico esto. De verdad, es que encontrar unas bragas, por muy medievales que sean… ¡como que no!:

http://www.arkhaiox.com/2012/07/hallan-ropa-interior-medieval-durante.html

Personalmente aplaudo otros trabajos y reflexiones que, sin embargo, nos hacen reír y nos hacen ver la historia y la arqueología con otros ojos u otros “bustos”:

http://laarqueologiadelpresente.blogspot.it/2013/02/ensayo-arqueologico-del-sujetador.html

Lo malo es cuanto se mezclan churras con merinas, y donde algunos ven estatuitas que saludan al estrado, que se sirven cafés, o que te hacen una “butifarra” al pasar, otro ven temblores de tierra:

http://www.abc.es/ciencia/20130626/abci-misterio-estatua-egipcia-mueve-201306261620.html

A lo mejor estamos banalizando en exceso todo esto, ¿no? Es decir, que con el objetivo de tratar de acercar la arqueología a la sociedad, estamos empleando argumentos zafios, insípidos y hasta circenses, ¿para qué? ¿Para que la gente nos haga caso? A lo mejor no necesitamos que nos hagan caso. A lo mejor ellos no quieren hacernos caso, y seguimos dale que dale, como los que dicen que han encontrado vampiros (mañana mismo me pongo a buscar el pene de Rasputin):

http://actualidad.rt.com/cultura/view/105002-desvelan-misterio-cementerio-vampiros-polonia

Y hablando de penes, ¿vosotros pondríais este titular para vuestro yacimiento? ¿Es esto serio, o es que yo me he vuelto un soso de enciclopedia?:

http://conciencia20.pd2.iup.es/2011/01/27/un-gran-pene-corona-un-nuevo-yacimiento-arqueologico/

Mientras seguimos ocultando nuestras verdaderas carencias –que no las del pene- haz la prueba, amigo lector, de meter en cualquier buscador “destrucción de yacimiento”, y verás el resultado. Hoy por hoy, en la red de redes lo más buscado sigue siendo Cristiano Ronaldo, Belén Esteban, fiestas de mi pueblo o colección Armani Primavera-Verano, pero te convido a que hagas la prueba… Sólo un adelanto:

http://antigua.revistaelobservador.com/index.php/component/content/1125.html?task=view

http://actualidad.rt.com/sociedad/view/106224-inmobiliaria-destruir-yacimiento-preinca-peru-kapaqsumaqayllu

http://www.diarioinformacion.com/benidorm/2013/05/20/particular-destruye-yacimiento-ibero-finestrat-ampliar-local-comercial/1375647.html

http://aavvmadrid.org/Noticias/La-ciudad-patrimonio-de-la-humanidad-destruye-un-yacimiento-arqueologico-del-calcolitico

http://elrincondeegipto.blogspot.it/2013/09/se-destruyen-yacimientos-arqueologicos.html

(Ésta última muy recomendada por la músiquita de peli guarra de los 80, regalo de la casa…)

Cierto y comprobado: los Sapiens somos los más tontos, porque el Neanderthal no lo era, como ya se desprendió de una seria investigación hace años:

http://elpais.com/diario/2008/08/27/sociedad/1219788005_850215.html

No pasa nada porque estamos enrolados en la Marina Mercante de la idiotez suprema (¡oh, capitán, mi capitán!), bregando en asuntos que rozan la difamación y el delito, y dejando que otros cojan harina que es de otro costal:

http://www.miciudadreal.es/2013/08/27/son-de-risa-el-arqueologo-benitez-de-lugo-responde-a-las-valoraciones-del-ayuntamiento-de-valdepenas-sobre-su-investigacion-en-el-cerro-de-las-cabezas/

Nuestros enclaves siguen al descubierto y protegidos por una estrepitosa administración empeñada en hacer las cosas de la peor manera posible:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/06/17/madrid/1371494210_625553.html

Y mientras tanto, mientras que unos se creen que son Tortugas Ninja:

http://www.noticiasabsurdas.com/un-chino-vive-durante-20-anos-en-una-alcantarilla-para-pagar-la-educacion-de-sus-hijos

Otros encuentran perritos con los que alimentar esas absurdas historias de que las pirámides las construyeron alienígenas con la cara de Zidane, o de que JFK está vivo y tiene una finca en los Yébenes…

http://actualidad.rt.com/cultura/view/111839-can-cerbero-puertas-infierno-turquia

Hoy me he pasado, lo se… Será la edad. Espero sepas perdonarme. Recibe un cordial saludo.

 NmA

Arqueología de bocata y paracetamol..

Todo los que necesita un arqueólogo...
Todo los que necesita un arqueólogo…

Mi amigo Henri Catania, me ha mandado esta foto. ¡Tremendo, este Catania! En su opinión, esto es lo que necesitaría cualquier arqueólogo en un trabajo de campo: agua, bocata, libreta y boli, unas monedillas para llamar desde alguna cabina roñosa y algún aliciente químico para paliar resfriados o ataques víricos varios. Es otra imagen que vale más de mil palabras, y esto me recuerda los comentarios leídos en un blog español, de un buen amigo arqueólogo :

http://arqueoart.blogspot.com.es/2013/11/una-imagen-vale-mas-que-mil-palabras.html

Me viene a la mente -otra vez, y ya van unas cuantas- las nuevas tecnologías que se emplean en la investigación arqueológica. Los 3D, la fotogrametría o la instrumentación de laboratorio es muy útil y sin duda, necesaria para perfeccionar nuestro campo, y para obtener mejores resultados. Sin embargo, qué lejos me quedan esas largas “pateadas” por campos de cereales, esos picotazos de mosquitos, grandes como gallinas hueveras, esas carreras perseguidos por toros o por perros, y esos disparos de escopeta de cartucho de sal de un paisano, molesto con los forasteros “que sólo miran al suelo”. Echo de menos también esas garrafas de vino seco y avinagrado que teníamos para quitar la sed (ahora se bebe “geitoreid”, porque somos mu finos); echo de menos los bocadillos de salami rancio que costaba dos euros (ahora se llevan los compuestos vitamínicos y los sandwiches de paté de tomate y queso, porque somos muy “chic”); echo de menos las botas altas de piel de camello, que te dejaban ampollas como kiwis  (ahora llevamos las “quéchua” con el pin de la paloma de la paz). La verdad es que si se puede trabajar a gusto, mejor, pero a veces echo de menos estar bien jodido mientras trabajo…

Conclusión. Cuán bien/mal hace una imagen (aunque sea virtualizada). Menos mal que de vez en cuando me junto con bataneros del centro de España -y fría-, que me recuerdan que no hace falta hacerse la imagen a semejanza de nadie, y que cada cual tiene una forma diferente de lamerse su “pijo”.

Va por vosotros, compañeros. Sigamos haciendo “imágenes”.

NmA.